Niebla
Los tejados anieblados, cansan mis doloridos ojos.
Observo sus difuminadas chimeneas,
y la quietud de un fantasma de gaviota,
controladora de su polluelo moribundo.
El ulular de una sirena a lo lejos
penetra en mi aletargado cerebro,
mandando una señal de vida
a este agrietado corazón enfermo.
Un rayo de esperanza se va adentrando
en esta infernal caverna de oscuridad.
Odios eternos florecen como amapolas negras,
y su flujo sangrante va penetrando
en las entrañas del recuerdo nefasto.
El rencor como enredadera va subiendo
buscando el muro de la destrucción,
pero un resquicio del alma
busca el utópico y mágico olvido.







hay que romper los muros y avanzar a una espiritualidAd cierta